Bajo la Luz de la Aurora

Blog de historia del arte de Finlandia y Suecia

La obra de esta semana es un pequeño pastel titulado “Retrato de Adolph Ludvig Gustaf Fredric Albert Couschi, llamado “Badin” (“Porträtt av Adolph Ludvig Gustaf Fredric Albert Couschi, kallad “Badin”), realizado en 1775 por el pintor sueco Gustaf Lundberg (1695, Estocolmo – 1786, Estocolmo). Con unas medidas de 74 x 57 cm, se encuentra custodiado en los almacenes del Museo Nacional (Nationalmuseum) de Estocolmo, pero ha estado expuesto al público hasta el 10 de noviembre.

Retrato de Adolph Ludvig Gustaf Fredric Albert Couschi, llamado “Badin”. 1775.
Fotografía: Nationalmuseum.

Gustaf Lundberg era hijo del chef real Gustaf Lundberg y su esposa Sabina Richter, pero quedó huérfano muy joven, siendo criado por su abuelo, el orfebre Fredrik Richter. En 1712, contando con diecisiete años, se convertiría en aprendiz del grabador de la corte, el alemán David von Krafft (1655-1724), del que aprendería los conceptos básicos de la pintura, abandonando sus enseñanzas después de cinco años para continuar su educación por su cuenta en París. La elección de la capital francesa fue debida a su intención de convertirse en gran retratista, ya que la formación en Italia era necesaria si se quería dedicarse a la pintura de historia. Quizás también pudo verse influido por los problemas posteriores en su país natal tras la Guerra sueco-danesa (1658-1660) y la Guerra de los nueve años (1688-1697), que dejaron múltiples dificultades financieras a las clases altas suecas.

En París recibiría enseñanzas de Hyacinthe Rigaud (1659-1743), Nicolas Largillière (1656-1746) y el pintor de historia Jean François de Troy (1679-1752), además de asistir a lecciones de dibujo impartidas por Pierre-Jacques Cazes (1676-1754) en la Academia de Bellas Artes (Académie des beaux-arts). Además, gracias a la mediación del embajador sueco Eric Sparre af Sundby (1665-1726) recibiría permiso para poder visitar las colecciones del Louvre, el palacio real. Debido a su condición de protestante en la Francia católica Gustaf Lundberg se encontraba, al igual que otros artistas, excluido del gremio de pintores y de la Academia, viéndose obligado a vender sus obras bajo condiciones estrictas dentro del área en el que trabajaban. Uno de sus primeros encargos fue un lienzo religioso encargado en 1719 para la sala de culto en la embajada sueca por el barón Niklas Peter von Gedda (1675-1758), para el que pintaría posteriormente sendos retratos suyos y de su esposa. Gracias a él se le abriría una amplia red de contactos, entre ellos el ex rey polaco Estanislao Leszczynski (1677-1766), cuya hija María se convertiría en reina de Francia en 1725 tras su matrimonio con Luis XV. La nueva monarca, gran amiga de Suecia, hablaba el idioma con fluidez y encargaría numerosos pedidos a Gustaf Lundberg.

Retrato de Gustaf Lundberg, atribuido a Jakob Björck.
Fotografía: Nationalmuseum.

En 1721 se produciría el gran cambio en su arte debido a la pintora Rosalba Carriera (1675-1757), que introduciría la pintora al pastel en Francia, teniendo un éxito instantáneo. Lundberg se convertiría en su único alumno durante su estancia en París, aprendiendo un método secreto para fijar el color con la técnica del pastel. Al regreso de Rosalba a Venecia, Gustaf Lundberg se convertiría en uno de los principales retratistas de la capital francesa, recibiendo encargos de la familia real, de miembros de la corte y de los círculos que marcaban las pautas artísticas y la moda dentro de la sociedad de la época.

Entre 1739 y 1742 el conde Carl Gustaf Tessin (1695-1770) se convertiría en embajador sueco en París, viviendo el propio Gustaf Lundberg en su residencia, aumentando su prestigio y clientela. Gracias a su ayuda pudo ser elegido miembro de la Academia Francesa en 1741, pero una década antes la competencia se intensificó especialmente debido a las obras de Quentin La Tour (1704-1788) y de Jean-Baptiste Perroneau (1715-1783), representando un estilo más realista con mayor profundidad psicológica del retratado. En esas fechas Lundberg comenzaría a plantearse el regreso a su país natal, aunque antes de ello viajaría brevemente en 1745 a Madrid para pintar a María Luisa Isabel de Francia (1727-1759), casada con don Felipe de Borbón (1720-1765). En otoño de ese mismo año volvería a Suecia después de 27 años. Al país nórdico regresaría como un artista reconocido, logrando un éxito inmediato. Con su arte la técnica del pastel del estilo Rococó se hizo popular en Suecia, compitiendo con artistas del Barroco tardío como Georg Engelhard Schröder (1684-1750), Lorens Pasch «El Viejo» (1702-1766) y Olof Arenius (1700-1766). De nuevo, gracias a la ayuda del conde Carl Gustaf Tessin se integraría muy pronto en la corte del príncipe heredero Adolf Fredrik (1710-1771) y su esposa Lovisa Ulrika (1720-1782), ejecutando para los mismos varios retratos. A la muerte de Schröder fue propuesto como pintor de corte, convirtiéndose Gustaf Lundberg en el retratista de moda, recibiendo encargos de la casa real, la corte, la nobleza y la alta burguesía.

Un claro ejemplo de ello es la obra seleccionada, representando a Gustav Badin (1747-1822), llevado desde África hacia las Indias Occidentales, de dónde sería trasladado a Europa, con diez años. Fue entregado a Adolf Fredrik y a Lovisa Ulrika en 1760, convirtiéndose en sirviente de la futura reina y desde 1776 en secretario real. A la muerte de Lovisa recibiría una pensión estatal de la corte y miembro de la Orden Svea desde 1800. Badin aparece plasmado de medio cuerpo sobre fondo neutro en tonos azulados mientras sostiene un caballo blanco de ajedrez en su mano derecha, juego al que acaba de vencer a su oponente, debido al resto de piezas presentes en el tablero. Viste una casaca negra con varios ribetes azules en mangas, brazos, hombros y cuello decorados con pequeños cristales, además de una banda blanca sobre su pecho.

Retrato de Adolph Ludvig Gustaf Fredric Albert Couschi, llamado “Badin”. 1775.
Detalle de los ribetes azules.
Fotografía: Nationalmuseum.

Su rostro es el de un hombre cercano a la treintena, de facciones gruesas en nariz y  sonrisa, y ojos almendrados oscuros. Porta una cinta oscura en su cabeza decorada a juego con las telas azules del resto del uniforme, complementada con plumas de varios colores similares a las de las hombreras. De igual forma son los penachos de las flechas presentes en el carcaj dorado de su espalda, dándole el traje de “indio” un aspecto exótico y a la vez es considerado como inferior respecto a la cultura europea debido al origen de su piel.

“Retrato de Adolph Ludvig Gustaf Fredric Albert Couschi, llamado “Badin”. 1775.
Detalle del rostro.
Fotografía: Nationalmuseum.

La luz procede del lado derecho del papel, iluminando el rostro del representado y su banda y puños níveos, además de la pieza del caballo, ya que como dicha figura, podía moverse casi libremente por el tablero de juego de la corte real. La paleta empleada contrasta los oscuros del uniforme y la piel con los blancos, junto a tonos azulados y rosados en el fondo, las plumas o las casillas del tablero. El pastel fue ejecutado por Gustaf Lundberg en un único día, el 4 de julio de 1775.

Retrato de Adolph Ludvig Gustaf Fredric Albert Couschi, llamado “Badin”. 1775.
Detalle de la mano.
Fotografía: Nationalmuseum.

Debido a la sensibilidad de las pinturas al pastel a la luz y a la humedad, era bastante habitual encargar copias al lienzo sobre los originales, siendo empleados en el estudio de Lundberg entre otros Jakob Björck (1727-1793), Pehr Eberhard Cogell (1734-1812), Peter Adolf Hall (1739-1793) o Jonas Forsslund (1759-1809). Además, parece ser que otros pintores como Ulrika Pasch (1735-1796) o el propio Olof Arenius tuvieron acceso a sus pasteles originales. Tras la institución de la Orden de Vasa en 1772 por el rey Gustav III (1746-1792) el monarca nombraría a Gustaf Lundberg como uno de los primeros caballeros de la misma, además de recibir el pintor siete años más tarde el encargo de retratar al príncipe heredero Gustaf Adolf (1778-1837), posiblemente inacabado a la muerte del artista. Tras su fallecimiento Lundberg fue enterrado en el antiguo cementerio de Uppsala (Uppsala gamla kyrkogård). Como curiosidad, la calle Gustaf Lundbergs väg, localizada en el distrito de Södra Ängby en Estocolmo, se encuentra dedicada en su nombre.


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