Bajo la Luz de la Aurora

Blog de historia del arte de Finlandia y Suecia

La obra de esta semana es una pintura al óleo titulada “El domingo por la noche en una cabaña del valle” (“Söndagsafton i en dalstuga”), realizada en 1860 por Amalia Lindegren  (1814, Estocolmo – 1891, Estocolmo). Con unas medidas de 88 x 117 cm, se encuentra en el Museo Nacional de Estocolmo (Stockholm Nationalmuseum).

“El domingo por la noche en una cabaña del valle” (“Söndagsafton i en dalstuga”). 1860.
Fotografía: Nationalmuseum.

Amalia Euphrosyne Lindegren era la hija del matrimonio conformado por Anders Lindegren y Anna Catharina Ekström, que fallecería tres años después del nacimiento de la joven. Tras la muerte de su madre fue adoptada por Brita Sofia Tidlund (1772-1857), viuda del noble Benjamin Sandels (1763-1831), el cuál parece ser qué era su padre biológico. Ésta posición durante su infancia, entendida como un acto de caridad por parte de las clases pudientes, fue entendida de forma humillante por Amalia, influyendo en su obra pictórica.

Poseía un gran talento con el dibujo, especialmente a lápiz y a tiza negra, de forma similar a su coetánea, la también pintora Maria Röhl (1801–1875), propiciando que a partir de 1839 comenzase sus enseñanzas al óleo y tres años más tarde se convirtiera en estudiante en el estudio privado de Sophie Adlersparre (1808-1862). En 1843 participaría con tres obras en una exposición en la Real Academia de Artes Libres (Kungliga Akademien för de fria konsterna), propiciando su intercesión por parte del escultor y pintor Carl Gustaf Qvarnström (1810-1867) para su aceptación en la academia gracias a un permiso especial, produciéndose en 1849 junto a otras tres mujeres con las que compartió espacio: Jeanette Möller (1825-1872), Agnes Börjesson (1827-1900) y Lea Ahlborn (1826-1897).

Un año más tarde, recibiría una beca de viaje de la academia para complementar sus estudios en París, dónde permanecería cuatro años estudiando en la escuela de mujeres de Leon Cogniet (1794-1880) y posteriormente durante un corto período en el estudio de Ange Tissier (1814-1876). Durante la estancia en la capital francesa comenzaría a pintar escenas de género, valoradas y compradas por la academia sueca, que consideró a la artista como “agrée” (“agradable”).

En 1854, Amalia Lindegren exhibiría algunas obras en Düsseldorf para pronto dirigirse a Múnich a estudiar a los viejos maestros en la Pinacoteca Antigua (Alte Pinakothek) de dicha población. A finales de ese año viajaría a la capital italiana, permaneciendo hasta el verano de 1855, cambiando su paleta a colores más luminosos frente a tonos con sombras más marcadas del período anterior.

Fotografía de Amalia Lindegren.
Autor y fecha desconocidos.

A su vuelta a Suecia en 1856, fue considerada junto a Lea Ahlborn como miembro de pleno derecho de la Academia, convirtiéndose en las primeras mujeres en obtener dicho puesto. Al año siguiente emprendería un viaje de estudios a Dalarna junto a su amiga Jeanette Möller, sirviéndole de inspiración para la realización de obras con temas populares qué fueron motivo de estima en su tiempo por parte del público y la crítica.

En 1859 regresaría a París en un corto viaje de estudios, para a la vuelta a su país natal pintar esta obra, qué fue comprada por el museo dónde se encuentra actualmente el mismo año de su exhibición pública. Amalia Lindegren representa el interior de un hogar de clase social baja en la región de Dalarna, en el cuál penetran a través de la ventana los rayos del sol de última hora de la tarde, formando una diagonal compositiva e iluminando el lugar dónde se encuentra la familia, dejando el resto del espacio en penumbra.

En un espacio de pequeño tamaño se organiza toda la vida familiar. El momento captado es un momento de felicidad en un día festivo durante la vida diaria de las clases sociales más bajas. Cercano a la escalera se encuentra de pie el padre tocando el violín, a su lado su esposa sentada jugando con una criatura de escasa edad mientras los hijos del matrimonio danzan al ritmo de la melodía. Al fondo de la obra, encajonado entre un reloj de pared y un armario, se encuentra una tela decorada a base de líneas horizontales, empleada para dividir la zona de descanso de la estancia dónde tiene lugar la escena. La minuciosidad de Amelia es tal, qué salpica la habitación con elementos propios de las actividades diarias de la familia. A la izquierda del primer plano se encuentra un hacha y restos de de leña empleados para calentar el hogar y cocinar junto a una tinaja, y cercano a ello la labor de costura, mientras qué en el alféizar de la ventana se halla la pipa del padre, acompañada en el marco de la misma por unas páginas colgadas arrancadas de la Biblia, pensadas para proteger el hogar.

“El domingo por la noche en una cabaña del valle” (“Söndagsafton i en dalstuga”). 1860.
Detalle de algunos objetos en la ventana.
Fotografía: Nationalmuseum.

Bajo la cristalera aparece un banco de madera dónde los niños han dejado abandonado el libro de oraciones junto al abrigo forrado de lana del progenitor. La estancia se complementa con varias piezas de tela e indumentaria colgadas entre la viga y las tablas de madera del piso superior, puestas para ser secadas gracias al calor producido en el cuarto.

“El domingo por la noche en una cabaña del valle” (“Söndagsafton i en dalstuga”). 1860.
Detalle de la indumentaria en el techo.
Fotografía: Nationalmuseum.

Las vestimentas portadas por la familia son típicas de la región, compuestas en el caso masculino de medias de tonos oscuros hasta la rodilla, dando paso a un pantalón en tonos pardos. La parte superior se conforma con una camisa blanca de lino y un chaleco azul oscuro con bordados en uno de sus lados, complementando la indumentaria un gorro de lana gris con detalles en rojo y líneas horizontales en tonos fríos.

“El domingo por la noche en una cabaña del valle” (“Söndagsafton i en dalstuga”). 1860.
Detalle del padre.
Fotografía: Nationalmuseum.

La madre está ataviada con una falda larga típica en días festivos o domingos conocida como skjorte, un corpiño (livstycke) y una toca azul del mismo color qué el de su marido sobre una camisa blanca, junto con tonos rojizos presentes en el pañuelo con bordados, en la cinta en torno a la cintura y la presente en la toca pensada para recoger el cabello. Sobre sus rodillas se encuentra el miembro más joven de la familia sentado sobre la falda diaria (randil) de su progenitora, decorada a través de líneas horizontales rojas, blancas, verdosas y oscuras, vestido en tonos pardos con puntillas blancas en sus mangas y con cuello y cabeza decoradas de forma similar a sus hermanos.

“El domingo por la noche en una cabaña del valle” (“Söndagsafton i en dalstuga”). 1860.
Detalle de la madre y el niño.
Fotografía: Nationalmuseum.

De forma similar a los adultos, los niños portan una vestimenta en los mismos tonos oscuros, prestando la autora especial atención en los bordados presentes en el el corpiño de la joven portando el randil. Los vestidos muestran la riqueza de variantes del traje de la región, pudiendo verse en ellos la falda oscura de días de celebraciones especiales,o la falda diaria acompañada con un delantal de cuero (skimp), únicamente visible en parte en la joven de espaldas al espectador.

“El domingo por la noche en una cabaña del valle” (“Söndagsafton i en dalstuga”). 1860.
Detalle de los niños con el randil y el skimp.
Fotografía: Nationalmuseum.

El tratamiento de la luz natural procedente del ventanal permite vislumbrar parte de la naturaleza que rodea el terreno, y la buena salud de los habitantes del lugar debido a sus mejillas sonrosadas. Contrastan los rostros serios de los adultos frente a la alegría y sonrisas de los más pequeños, entendiéndose como una idealización, no sólo de la infancia a pesar de las duras condiciones existentes en las clases más bajas, sino quizás de los primeros años de la autora.

Obras como ésta de se convirtieron en un éxito inmediato entre sus coetáneos, especialmente entre los burgueses, ya que entendían qué la vida diaria campesina era la más cercana a las emociones naturales del ser humano, sin la mácula de la vida en sociedad. Muestra de ello es la presencia de algunas de sus pinturas en las exposiciones universales de Filadelfia (1876), París (1878) y Chicago (1893).

En 1861 Amelia Lindegren regresó a a Düsseldorf, dónde pintaría un retrato del pintor noruego residente en la ciudad, Adolph Tidemand (1814-1876). Dicha obra fue exhibida en la Exposición Universal de Londres al año siguiente, siendo nombrada su autora en la capital británica como miembro honorario de la Sociedad de Artistas Femeninas (Society of Female Artists), mientras qué en 1866 aumentó su honor como artista al recibir la medalla sueca Litteris et Arttibus de manos del rey Karl XV (1826-1872).

Amelia Lindegren llevó una vida solitaria y reservada, trabajando duro y pocas veces satisfecha con las obras producidas. A lo largo del tiempo, no se le conocieron pretendientes ni llego a casarse, falleciendo a la edad de 77 años en la capital sueca.


One response to “El domingo por la noche en una cabaña del valle”

  1. Avatar de Carlos Edgardo Gòmez Osorio
    Carlos Edgardo Gòmez Osorio

    Excelente tu nota. Es muy agradable leerte. Una notable sìntesis de la obra que incita a profundizar en ella. Gracias. Un abrazo desde San Juan, Argentina

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