Bajo la Luz de la Aurora

Blog de historia del arte de Finlandia y Suecia

La obra de esta semana se titula “La convaleciente” (“Toipilas”). Pintada al óleo sobre lienzo en 1888 por Helene Schjerfbeck (1862, Helsinki – 1946, Saltsjöbaden), con unas medidas de 92 x 107 cm, es una de las pinturas más representativas de Finlandia, formando parte de la colección del Museo Ateneum (Ateneumin taidemuseo) de Helsinki.

La convaleciente” (“Toipilas”). 1888.
Finnish National Gallery/Ateneum Art Museum.
Fotografía:
Finnish National Gallery /Yehia Eweis.

Helena Sofia Schjerfbeck fue uno de los hijos del matrimonio formado por el gerente de oficina ferroviario Svante Schjerfbeck (1833-1876) y Olga Johanna Printz (1839–1923). Con cuatro años Helene se cayó por la escalera de su casa, sufriendo una fractura en su cadera izquierda qué le causaría una cojera permanente. Muchos investigadores han querido vincular dicho acontecimiento con el inicio de su carrera artística, ya qué durante el tiempo de convalecencia no pudo acudir a la escuela y comenzó a dibujar.

Debido a su gran talento, ingresaría con once años en la Escuela de Dibujo de la Asociación de Arte de Finlandia (Suomen Taideyhdistyksen piirustuskoulu), dónde conocería a otras artistas como Helena Westermarck (1857-1938), Maria Wiik (1853-1928) y Ada Thilén (1852-1933), creándose una amistad que duraría hasta los últimos años de sus vidas. En 1877, un año después de la muerte de su padre debido a la tuberculosis, Helene recibió su título por parte de la academia, decidiendo ampliar sus conocimientos en la Academia privada de Adolf von Becker (1831-1909) especializada en el dibujo, la observación del natural y el tratamiento de técnicas pictóricas aplicadas a los bodegones, cursando estudios junto a su amiga Helena Westermarck.

Con 17 años, ganaría el tercer premio en un concurso organizado por la Asociación de Arte de Finlandia, exhibiéndose sus obras el año siguiente en la exposición anual de la misma. Ese mismo año de 1880 recibiría una beca estatal de viaje por parte del Senado Imperial ruso, ya qué el Gran Ducado de Finlandia dependía de la corte zarista. Su destino fue París, dónde, al igual que harían otros artistas finlandeses más tarde, se matriculó en la Académie Trélat y en la Académie Colarossi, de nuevo junto a Helena Westermarck. En la capital francesa se formaría, teniendo como maestros al realista Léon Bonnat (1833-1922) y el academicista Gustave Courtois (1852-1923). Pero la capital no no fue el único lugar dónde pintaría durante su estancia francesa, ya que también realizaría obras en Meudon, al sur de París, y en el pueblo pesquero de Pont-Aven en Bretaña, para regresar a Finlandia en 1882.

Durante su estancia en su país natal, Helene se había comprometido con un pintor desconocido, con el que convivió hasta la  primavera de 1884, cuándo de nuevo regresó a  Francia para volver a pintar en Bretaña y asistir al Salón de París, dónde había expuesto el año anterior. El compromiso se rompería al año siguiente, ya que su defecto físico levantaría sospechas de tuberculosis en la familia de su prometido. Helene Schjerfbeck nunca llegaría a casarse ni tuvo hijos, aunque durante un tiempo pensó en adoptar uno, pero su entorno cercano jamás lo aprobó. Tras la ruptura de su noviazgo decidió visitar Inglaterra, estableciéndose en St. Ives, al suroeste del país, dónde pintaría esta obra, en la que cambió hasta  nueve veces el tema principal hasta llegar al estado actual.

En una estancia del interior de una casa, en la cuál se vislumbra un ventanal y una estantería llena de libros, la temática de la obra ocupa la mayor parte del espacio. Sobre una silla de mimbre acolchada con almohadas se encuentra una niña de corta edad con una sábana blanquecina envolviendo la parte inferior de su cuerpo. Las manos de la pequeña juegan con una rama de la que nacen algunos brotes qué se encuentra dentro de una taza de cerámica qué está apoyada en  una mesa de madera junto a otros objetos.

La convaleciente” (“Toipilas”). 1888.
Detalle de las manos y la rama.
Finnish National Gallery/Ateneum Art Museum.
Fotografía:
Finnish National Gallery /Yehia Eweis.

La pincelada es rápida y ligera, similar al impresionismo, creándose superficies y texturas bien definidas a través de una paleta de tonos oscuros y pardos, qué contrastan con los almohadones y la sábana, de un blanco prístino, enfatizados por los dos focos lumínicos de la composición, uno de ellos situado en el margen derecho fuera de la pintura.

La convaleciente(“Toipilas”). 1888
Detalle de la firma y la pincelada.
Finnish National Gallery/Ateneum Art Museum.
Fotografía: Finnish National Gallery /Yehia Eweis.

Éste es el que a través de su trayectoria se encarga de realzar los objetos sobre la mesa, desde el tintero opaco al vaso de vidrio, pero especialmente la taza de cerámica con tonos azules en la que se encuentra la rama, interpretada cómo la superación de la enfermedad y la vuelta a la vida.

La convaleciente” (“Toipilas”). 1888.
Detalle del tintero y el vaso.
Finnish National Gallery/Ateneum Art Museum.
Fotografía:
Finnish National Gallery /Yehia Eweis.

La luz incide en el rostro infantil de facciones finas, ojos de azul brillante y mejillas sonrosadas, propias de un cuerpo que ha superado largas noches de dolencia, en los que los investigadores  han querido ver un autorretrato de la propia autora debido a la carpeta con dibujos situada en el suelo junto a la mesa.

La convaleciente” (“Toipilas”). 1888.
Detalle del rostro de la niña.
Finnish National Gallery/Ateneum Art Museum.
Fotografía:
Finnish National Gallery /Yehia Eweis.

La convaleciente fue la obra presentada por Helene Schjerfbeck al Salón de París de 1888 bajo el nombre en francés de “Première verdure” (“primera vegetación; ensiviherrys en finés). Tras el regreso de la artista durante el invierno de ese año a su país de origen, el cuadro fue comprado para las colecciones de la Asociación de Arte de Finlandia por un valor de 800 marcos finlandeses. En 1889 la obra estuvo expuesta en el pabellón nacional en la Exposición Universal de París, recibiendo su autora una medalla de bronce por la obra. Como curiosidad, fue votada como la segunda pintura más representativa de la propia Finlandia en el año 2006, quedando por detrás de “El ángel herido(“Haavoittunut enkeli”) de Hugo Simberg (1873-1917).

A partir de la década de 1890, se produjo un descenso en la producción de la pintura de Helene Schjerfbeck debido a su trabajo como profesora en la Escuela de Dibujo de la Asociación de Arte de Finlandia. En 1902 la dirección le pidió que renunciara a su puesto debido a las prolongadas ausencias que conllevaba su enfermedad, lo que le impedia cumplir con sus obligaciones como docente. Durante éste período, viajaría en 1894 junto a su hermano a Viena y Florencia, un destino popular entre los simbolistas finlandeses del momento, para pintar copias para el museo de réplicas diseñado por la Asociación de Arte.

Fotografía de Helene Schjerfbeck en la década de 1890.
Fotógrafo desconocido.

Tras finalizar su etapa como educadora en la escuela de dibujo, Helene decidiría mudarse junto a su madre a Hyvinkää, al norte de la capital, un lugar considerado saludable por sus bosques de pinos y dónde se había abierto un sanatorio para pacientes que buscaban descanso y recuperación de sus enfermedades. Allí permanecería hasta 1917. Ésto produciría su alejamiento de los círculos artísticos de la capital, aunque seguía manteniendo contacto con algunas de sus compañeras pintoras que había conocido durante sus años de estudiante. A través de libros y revistas era consciente de las novedades artísticas del momento, participando en diversas ocasiones en exposiciones organizadas por la Asociación de Arte de Turku (Turun taideyhdistyksen).

A partir de 1913 conoció al marchante Gösta Stenman (1888-1947), cuyo impulso le serviría para exponer en Malmö (1914), Estocolmo (1916) y San Petersburgo (1917). Ése mismo año se organizó su primera exposición individual, acompañada de la primera monografía del escritor Einar Reuter (1881-1968) sobre la propia Helene. Gracias a Stenman, tras la finalización de la Gran Guerra, sus obras fueron mostradas en Copenhague (1919), Gotemburgo (1923) y Estocolmo (1934), ciudad que recibiría de nuevo una exposición individual de la artista en 1937. Un año más tarde, Stenman comenzaría a pagar a la artista un salario mensual.

Tras el fallecimiento de su madre en 1923, Helene Schjerfbeck se trasladó de Hyvinkää a Ekenäs, en la costa sur del país, desde dónde sólo se movería por cuestiones de fuerza mayor, siendo un claro ejemplo cuándo fue evacuada a una granja en Tenala (a unos 15 km al norte de Ekenäs) durante la Guerra de Invierno (1939-1940) entre la Unión Soviética y Finlandia, para volver al pueblo pesquero finalizada la contienda. Durante los años de la Segunda Guerra Mundial, fue trasladada a Loviisa, estando desde inicios de 1942 en el sanatorio de Luontola en Nummela, ambas poblaciones de la costa sur de Finlandia. En 1944 se marcharía a un balneario en Saltsjöbaden, un pueblo cercano a la capital sueca, dónde fallecería dos años después, siendo enterrada en el cementerio de Hietaniemi (Hietaniemen hautausmaa) en Helsinki.

Tumba de Helene Schjerfbeck en Hietaniemi.
Fotografía de Kari K.

Su figura es importante en la Historia del Arte de Finlandia, no sólo por ser considerada una de las tres mujeres artistas (junto a Ellen Thesleff y Fanny Churberg) en la llamada “Edad de Oro”, sino también por los homenajes celebrados en en todos los museos del país con motivo del 150 aniversario de su nacimiento. A esto hay que sumarle la acuñación de una moneda conmemorativa de curso legal de dos euros con su efigie durante el año de la efeméride (2012). Además, en enero de 2020 se estrenó una película basada en su vida, dirigida por Antti J. Jokinen. 

En 2017, el Ministerio de Interior consideró qué Helene Schjerfbeck debía ser una de las personas destacadas para el proyecto “Suomi 100”, dedicado a la independencia de Finlandia, además de nombrar el 10 de julio, fecha del nacimiento de la artista, como el “Día de las Bellas Artes de Finlandia” (Suomen kuvataiteen päivä).


2 respuestas a «La convaleciente»

  1. Avatar de Carlos Edgardo Gòmez Osorio
    Carlos Edgardo Gòmez Osorio

    Excelente como todos tus artìculos. Tan explicativos, concisos y que dejan un gusto a saber màs. Gracias. Un abrazo desde San Juan, Argentina.

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    1. Avatar de Ignacio Hernández Ataz

      Gracias a ti por ser un asiduo del blog Carlos. Comentarios como los tuyos dan ganas de seguir continuando con ello y deseando que se conozca más sobre obras y autores. Un abrazo.

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